Palabras del Cardenal Martínez Sistach en la inauguración de las 49 Jornadas de Cuestiones Pastorales de Castelldaura

Una salutació molt cordial a tots els participant en aquestes 49 Jornades de Qüestions Pastorals de Castelldaura. Un saluto molto cordiale al Cardinal Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consiglio Cor Unum, ringranziando la sua presenza e la sua partecipazione in questo Incontro. Grazie Eminenza per la su disponibilità in mezzo del molto lavoro che ha come Presidente del dicasterio romano.

On hi ha caritat, allí hi ha Déu. Per una raó molt senzilla, perquè Déu és Amor i, per tant, on hi ha amor Déu s’hi fa ben present.

Aquestes Jornades estan dedicades a un tema cabdal a l’Església, a la vida de les institucions eclesials i de les comunitats cristianes i a la vida cristiana de tots els batejats. Llegint l’Evangeli en prenem molta consciència, perquè Déu ha creat per amor i ens ha salvat per amor. L’amor està present en les pàgines de l’Evangeli, en la Bona Nova que Jesús predicava.

Sabem que la naturalesa íntima de l’Església s’expressa en una triple tasca: anunci de la Paraula de Déu (kerigma, martyria), celebració dels sagraments (leiturgia) i servei de la caritat (diakonia). Són tasques que s’impliquen mútuament i no es poden separar l’una de l’altra. Com va afirmar Benet XVI, “per a l’Església, la caritat no és una mena d’activitat d’assistència social que també es podria deixar a d’altres, sinó que pertany a la seva natura i és manifestació irrenunciable de la seva pròpia essència” (Déu és amor, 25).

En la carta pastoral que he escrito este curso “Vivir la fe y edificar la comunidad cristiana”, he querido poner de relieve la forma eclesial de la fe. Mientras la escribía este verano pasado, recibí un don precioso del Papa Francisco, la primera encíclica La luz de la fe, de 29 de junio de 2013. Es muy significativo que en la encíclica se dé un gran relieve a la dimensión eclesial de la fe. Me ayudó muchísimo en mi trabajo.

A lo largo de sus páginas, pero especialmente en el capítulo III – titulado- “Transmito lo que he recibido”- el Papa mantiene y desarrolla, como unas tesis teológicas, las siguientes afirmaciones: la existencia creyente se convierte en existencia eclesial; la vida de fe se da en el ámbito comunitario y tiene un fundamento comunitario; y la vida de fe tiene una estructura sacramental.

Atendida la dimensión eclesial de la fe, al tratar de la solidaridad de la caridad, hemos de tener muy presente que no se trata sólo de la solidaridad de unos cristianos, sino que es fuente y expresión de nuestra fe sacramental y eclesial. La solidaridad que practicamos los cristianos es también una manifestación de nuestra fe que nos lleva a amar, y esto lo hacemos como miembros de la Iglesia y contribuimos a que ésta realice su diaconía de caridad.

La Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio, del Papa Francisco, en su capítulo IV, trata de la dimensión social de la evangelización, y se justifica con estas palabras: “Ahora quisiera compartir mis inquietudes acerca de la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” (N. 176)

Francisco nos recuerda que “el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo ‘se hizo pobre’ (2 Co 8, 9)” (N. 197). Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica.

Ninguna comunidad cristiana puede olvidarse de los pobres y de la práctica de la caridad, porque la caridad es una dimensión esencial de la Iglesia. En la tradición de la Iglesia se ha unido la Fracción del Pan – celebrando la eucaristía- a la colecta para compartir los bienes y ayudar a los necesitados. Y el Papa Francisco hace este grave juicio certero: “Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficàcia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (N. 207).

La temática de las Jornadas es capital para la Iglesia. Hoy tenemos el reto de la evangelización y también el reto de las graves consecuencias que deja la crisis económica en muchísimas personas y familias. Son dos retos que van muy unidos. No podemos responder solamente al primero, olvidando el segundo, como tampoco podemos hacer al revés. Son las obras de misericordia que las hay corporales y espirituales. El hombre no vive sólo –aunque lo necesita- de pan, sino también de la palabra que sale de la boca de Dios. Dos retos que la Iglesia se afana y cada uno de los cristianos se afanan para responder. Deseo explicitar que en esta línea, el Plan Pastoral de la Archidiócesis de Barcelona, para los años 2011-2015, incluye tres objetivos. El primero consiste en dar a conocer Jesús a quienes no le conocen, y el tercero, consiste en la solidaridad como expresión de nuestra fe.

Deseo a todos los que participan en estas Jornadas una agradable estancia en la Iglesia y ciudad de Barcelona y que el trabajo sea muy fecundo.

Sr. Cardenal Dr. Lluís Martínez Sistach, Arquebisbe de Barcelona
Palabras del Cardenal Martinez Sistach

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